El calvados llevaba mucho tiempo relegado al puesto de digestivo. Una copita después de la comida, a veces un “trou normand” colado entre dos platos. Después, en la última década, los bares de coctelería de Nueva York, Londres y París lo devolvieron a la coctelera. Ese regreso se explica por una cualidad poco común: el calvados tiene una frescura ácida de manzana que aguanta frente al azúcar, los cítricos, los bitters.

Aquí van cinco recetas que servimos con regularidad en las catas del dominio. Tres clásicos (Calvados Sour, Jack Rose, Sazerac Normando), una variación de temporada (Normandy Mule), un aperitivo de la casa (Pommeau Spritz). Para cada uno, el calvados de Cinq Autels que recomendamos, y por qué.